La llegada de la primavera no solo trae días más largos y temperaturas más agradables: también cambia las necesidades de tu piel. Después de meses de frío, calefacción y rutinas más densas, muchos rostros se ven apagados, sensibles o con falta de vitalidad.
Aunque a veces parezca un detalle menor, ajustar tu rutina a la estación es clave: nuestro organismo tiene que adaptarse a los cambios de temperatura, humedad y radiación solar, y una rutina adecuada puede marcar la diferencia entre una piel cansada y una luminosa y saludable.
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