Viernes 20 Julio 2012 12:00
Escrito por Ana Zafra
La piel sensible no es ni mejor ni peor que otra, solo que requiere de más cuidados, porque suele tener reacciones ante las agresiones externas, como el sol, el calor, la polución, el humo, cosméticos inadecuados… de manera más habitual que una piel normal. Las reacciones que pueden tener son varias, desde rojeces, irritaciones, hormigueos, picores descamación o pequeñas costras (eczema).
Además, estas reacciones pueden dar lugar a reacciones secundarias, a veces imperceptibles, que agravan la sensibilidad cutánea del rostro. Esto tiene como consecuencia una aceleración del envejecimiento y, por tanto, la aparición de algunos de sus síntomas de forma prematura, tales como deshidratación, falta de luminosidad, arrugas y/o flacidez.
¿Por qué reaccionan así estas pieles? Pues porque su barrera protectora se encuentra debilitada, debido a un desajuste en las funciones naturales de la piel, especialmente las que se encargan de protegerla de las agresiones externas. Precisamente por esta función debilitada, una persona puede nacer con piel sensible y reactiva o bien el sol puede provocar que la piel (normal, grasa, seca, mixta…) se vuelva sensible.
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